viernes, 13 de febrero de 2015

Antofagasta.

Ver alejarse el puerto desde el cristal grueso del bus.Una pesadilla en mi infancia.El viaje tedioso y árido de al menos unas 20 horas que para mi inquieto comportamiento eran como 40.Sin música,sin libros,sin amigos y mi mamá durmiendo boquiabierta con el ceño fruncido.Solo mirar su desfigurada mueca al dormir me entretenía.

Llegar aquí y multiplicar las horas de aburrimiento.Al menos podia jugar con el tetrix y esperar a mi papá biológico que venía por mi en sus días libres para comprarme lo que yo quería,comer helados,adularme difuminando su pésima paternidad lejana.

Era tan feliz al oir chocar sus nudillos contra la puerta despues de almuerzo.Adoraba que me mimara de esa manera,aun que fuese plástica.Los niños somos así supongo.Es fácil comprar nuestro cariño,sobre todo cuando la realidad es otra.Nunca en mi vida he sido mimada con cosas materiales.No me quejo,me gusta vivir así.Pero solo el me sacaba de esa realizad para capear su falta de presencia.Para mi era fantástico.
A veces no llegaba...
Cuando se demoraba,con mi mamá cantábamos una canción ridícula para esperarle.Ahora entiendo por qué ella la cantaba conmigo.Hasta el día de hoy sigue enamorada de el.

"Que venga que venga que nada lo detenga,que corra que corra que nadie lo socorra."

Ella me enseñó un truco supersticioso para intervenir el destino y hacer que llegase si o si.Por lo que mi ignorancia infantil deposito su fe en un pañuelo amarrado bajo la almohada.

Con pañuelo o sin pañuelo.Siempre;o no llegaba o llegaba tarde.

Si,soy hija de el.


Y esos recuerdos de ansiedad sumados a la mitad de mi infancia en estos calurosos suelos me hace adorar estar aquí ahora.Con esta soledad semi adulta.Los 3 ultimos veranos he venido voluntariamente escapando del ruido bohemio de la ciudad de mi alma.El puerto es el amor de mi vida y el norte,la amante voluptuosa que me da paz cuando necesito uir y bañarme en una playa donde nadie me conozca.Después de patalear llorando por no querer venir,hoy me tenía ansiosa poder llegar y oxigenar mis pulmones de este aire indescriptible que solo emana de la perla del norte.

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Y entre todos los arrendatarios,quien arrendó una pieza cuando deje de ser niña fue mi obsesión con el pasado.



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